Las enfermedades cardiovasculares, la diabetes o el cáncer, guardan una estrecha relación con las enfermedades periodontales. En la épcoa del antiguo Egipto, los mercaderes, supeditaban la elección de sus esclavos en función del estado de su dentadura. Y no es ninguna casualidad. Desde la antigüedad, el hombre sabía que el estado de la dentadura era un indicador fiable de la salud y la esperanza de vida. Desde estos tiempos remotos hasta nuestros días hemos evolucionado, sin embargo, se han perdido algunos de estos conceptos básicos.

Ha día de hoy, numerosos estudios demuestran que existe un número elevado de enfermedades sistémicas graves (algunas hasta mortales) como las cardiovasculares, la neumonía bacteriana, la diabetes o diversos tipos de cánceres están íntimamente relacionados con alguna enfermedad periodontal y se podrían haber esquivado con un plan de prevención bucodental.

Nuestra cavidad oral es uno de los lugares de nuestro cuerpo en el que existe una mayor concentración de microrganismos. Incluyendo a la caries, que permite la mayor concentración de bacterias. La boca no es un sistema aislado, forma parte del sistema digestivo y está ligado con el respiratorio. Todos los nutrientes absorbidos por el sistema digestivo pasan directamente al torrente sanguíneo, por tanto, cualquier infección que tenga nuestra boca repercute en el resto del organismo.

La odontología moderna está en la obligación de evitar, detectar y corregir el desarrollo de este tipo de patologías que deriven en enfermedades sistémicas graves. Sin embargo, muy pocos son los que utilizamos los métodos de detección precoz, como los test de saliva. Todos los odontólogos tenemos el reto de cambiar esta realidad, solo de esta manera, contribuiremos activamente a evitar problemas graves de salud, incluso, hasta a salvar vidas.